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En un bol grande, combina la harina de fuerza, la sal y la levadura. Mezcla bien los ingredientes secos.

Agrega el agua fría a los ingredientes secos. Mezcla a mano hasta que se forme una masa pegajosa y sin amasar, solo hasta que los ingredientes se integren.

Una vez que la masa esté pegajosa, añade 2 cucharadas de aceite y mezcla brevemente para incorporarlo a la masa.

Cubre el bol con papel film y deja reposar la masa a temperatura ambiente durante 1 hora.

Después de 1 hora, realiza cuatro pliegues en la masa dentro del bol. Para ello, estira suavemente un lado de la masa y dóblalo hacia el centro. Repite este proceso con los cuatro lados.

Vuelve a cubrir el bol con papel film y deja reposar la masa en el refrigerador durante toda la noche (aproximadamente 10-12 horas).

Al día siguiente, la masa habrá subido y estará burbujeante. Precalienta el horno a 200°C (390°F).

Engrasa generosamente una bandeja para hornear con aceite.

Con las manos ligeramente aceitadas, toma pequeñas porciones de la masa y forma bolitas. No es necesario que sean perfectas.

Sumerge cada bolita de masa primero en el tomate frito, asegurándote de que quede bien cubierta.

Luego, sumerge la bolita de masa cubierta de tomate en el queso parmesano rallado, cubriéndola completamente.

Coloca las bolitas de masa ya cubiertas en la bandeja para hornear engrasada, distribuyéndolas para llenar la bandeja.

Espolvorea queso parmesano adicional (del total de 300g) sobre las bolitas de masa ya dispuestas en la bandeja.

Coloca las rodajas de pepperoni sobre las bolitas de masa.

Hornea en el horno precalentado durante 25-30 minutos, o hasta que la focaccia esté dorada y cocida por completo.

Una vez horneada, retira del horno y sirve. La focaccia tendrá una corteza súper crujiente por el parmesano y una miga muy suave. Se puede acompañar con cualquier salsa o aderezo deseado.


En un bol grande, combina la harina de fuerza, la sal y la levadura. Mezcla bien los ingredientes secos.

Agrega el agua fría a los ingredientes secos. Mezcla a mano hasta que se forme una masa pegajosa y sin amasar, solo hasta que los ingredientes se integren.

Una vez que la masa esté pegajosa, añade 2 cucharadas de aceite y mezcla brevemente para incorporarlo a la masa.

Cubre el bol con papel film y deja reposar la masa a temperatura ambiente durante 1 hora.

Después de 1 hora, realiza cuatro pliegues en la masa dentro del bol. Para ello, estira suavemente un lado de la masa y dóblalo hacia el centro. Repite este proceso con los cuatro lados.

Vuelve a cubrir el bol con papel film y deja reposar la masa en el refrigerador durante toda la noche (aproximadamente 10-12 horas).

Al día siguiente, la masa habrá subido y estará burbujeante. Precalienta el horno a 200°C (390°F).

Engrasa generosamente una bandeja para hornear con aceite.

Con las manos ligeramente aceitadas, toma pequeñas porciones de la masa y forma bolitas. No es necesario que sean perfectas.

Sumerge cada bolita de masa primero en el tomate frito, asegurándote de que quede bien cubierta.

Luego, sumerge la bolita de masa cubierta de tomate en el queso parmesano rallado, cubriéndola completamente.

Coloca las bolitas de masa ya cubiertas en la bandeja para hornear engrasada, distribuyéndolas para llenar la bandeja.

Espolvorea queso parmesano adicional (del total de 300g) sobre las bolitas de masa ya dispuestas en la bandeja.

Coloca las rodajas de pepperoni sobre las bolitas de masa.

Hornea en el horno precalentado durante 25-30 minutos, o hasta que la focaccia esté dorada y cocida por completo.

Una vez horneada, retira del horno y sirve. La focaccia tendrá una corteza súper crujiente por el parmesano y una miga muy suave. Se puede acompañar con cualquier salsa o aderezo deseado.
