Loading...

Coloca las pechugas de pollo en una tabla de cortar. Cúbrelas con papel film y, usando un mazo de carne o un rodillo, aplánalas hasta que tengan un grosor de aproximadamente 3-4 mm.

En un bol, combina los huevos, el perejil picado, el ajo picado, la mostaza, la sal y la pimienta. Bate bien la mezcla hasta que todos los ingredientes estén incorporados.

Sumerge las pechugas de pollo aplanadas en la mezcla de huevo, asegurándote de que queden completamente cubiertas. Cubre el bol y refrigera por al menos 30 minutos, o idealmente por 2 horas, para que el pollo se marine bien.

Mientras el pollo se marina, prepara la salsa napolitana. Pica finamente la cebolla blanca pequeña.

En una sartén, calienta un chorrito de aceite de oliva a fuego medio. Sofríe la cebolla picada hasta que esté transparente.

Añade la cucharada de ajo picado a la sartén y cocina por unos segundos más hasta que esté fragante.

Vierte los 400 gramos de salsa de tomate. Añade un poco de agua a la botella vacía de salsa de tomate, agítala para recoger cualquier resto de salsa y añádelo a la sartén con el resto de la salsa. Sazona con sal al gusto.

Cubre la sartén y deja que la salsa hierva a fuego lento durante 15 minutos.

En un plato aparte, combina los 250 gramos de pan molido con 1/3 de atado de perejil picado, sal y pimienta. Mezcla bien estos ingredientes.

Retira las pechugas de pollo marinadas del refrigerador. Toma cada pechuga y cúbrela completamente con la mezcla de pan molido, presionando firmemente por ambos lados para asegurar que el empanizado se adhiera por completo.

Precalienta el horno a 180°C.

Calienta una cantidad generosa de aceite en una sartén a fuego medio-alto.

Fríe cada milanesa de pollo empanizada hasta que esté dorada por ambos lados y cocida por dentro. Transfiere las milanesas fritas a una bandeja para hornear forrada con papel de horno.

Extiende una cantidad generosa de la salsa napolitana preparada sobre cada milanesa. Distribuye uniformemente los 250 gramos de queso mozzarella sobre las milanesas.

Espolvorea orégano sobre el queso.

Hornea en el horno precalentado a 180°C durante aproximadamente 10 minutos, o hasta que el queso esté derretido y burbujeante.

Sirve la Milanesa Napolitana caliente, opcionalmente acompañada de papas fritas o puré de papas.


Coloca las pechugas de pollo en una tabla de cortar. Cúbrelas con papel film y, usando un mazo de carne o un rodillo, aplánalas hasta que tengan un grosor de aproximadamente 3-4 mm.

En un bol, combina los huevos, el perejil picado, el ajo picado, la mostaza, la sal y la pimienta. Bate bien la mezcla hasta que todos los ingredientes estén incorporados.

Sumerge las pechugas de pollo aplanadas en la mezcla de huevo, asegurándote de que queden completamente cubiertas. Cubre el bol y refrigera por al menos 30 minutos, o idealmente por 2 horas, para que el pollo se marine bien.

Mientras el pollo se marina, prepara la salsa napolitana. Pica finamente la cebolla blanca pequeña.

En una sartén, calienta un chorrito de aceite de oliva a fuego medio. Sofríe la cebolla picada hasta que esté transparente.

Añade la cucharada de ajo picado a la sartén y cocina por unos segundos más hasta que esté fragante.

Vierte los 400 gramos de salsa de tomate. Añade un poco de agua a la botella vacía de salsa de tomate, agítala para recoger cualquier resto de salsa y añádelo a la sartén con el resto de la salsa. Sazona con sal al gusto.

Cubre la sartén y deja que la salsa hierva a fuego lento durante 15 minutos.

En un plato aparte, combina los 250 gramos de pan molido con 1/3 de atado de perejil picado, sal y pimienta. Mezcla bien estos ingredientes.

Retira las pechugas de pollo marinadas del refrigerador. Toma cada pechuga y cúbrela completamente con la mezcla de pan molido, presionando firmemente por ambos lados para asegurar que el empanizado se adhiera por completo.

Precalienta el horno a 180°C.

Calienta una cantidad generosa de aceite en una sartén a fuego medio-alto.

Fríe cada milanesa de pollo empanizada hasta que esté dorada por ambos lados y cocida por dentro. Transfiere las milanesas fritas a una bandeja para hornear forrada con papel de horno.

Extiende una cantidad generosa de la salsa napolitana preparada sobre cada milanesa. Distribuye uniformemente los 250 gramos de queso mozzarella sobre las milanesas.

Espolvorea orégano sobre el queso.

Hornea en el horno precalentado a 180°C durante aproximadamente 10 minutos, o hasta que el queso esté derretido y burbujeante.

Sirve la Milanesa Napolitana caliente, opcionalmente acompañada de papas fritas o puré de papas.
