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Vierte 1 litro de leche en una olla grande. Añade 3 ramas de canela, 2 vainas de vainilla (abiertas a lo largo y con las semillas raspadas) y la piel de 1 limón (asegurándote de no incluir la parte blanca). Coloca la olla a fuego mínimo para que la leche se caliente e infusione.

Separa las yemas de 4 huevos en un bol pequeño. Reserva las claras; no las deseches.

A las yemas de huevo, añade 3 cucharadas de azúcar y 2 cucharadas de maicena. Bate bien esta mezcla hasta que esté homogénea y suave.

Una vez que la leche en la olla esté tibia, vierte con cuidado una pequeña cantidad de la leche tibia en la mezcla de yemas de huevo mientras bates continuamente. Este paso es crucial para atemperar las yemas y evitar que se cuajen.

Vierte la mezcla de yemas atemperadas de nuevo en la olla con el resto de la leche tibia. Asegúrate de mantener el fuego al mínimo para evitar que la mezcla se corte.

Bate la mezcla continuamente durante 10 minutos sin parar. El objetivo es que la espuma desaparezca y que las natillas alcancen una textura perfecta y espesa. La mezcla seguirá siendo algo líquida, pero se solidificará más en el refrigerador.

Sirve las natillas calientes en cuencos individuales.

Coloca una galleta María en el centro de cada ración de natillas.

Opcional: Toma las claras de huevo reservadas y móntalas a punto de nieve.

Opcional: Coloca una cucharada de las claras montadas encima de la galleta María en cada cuenco.

Espolvorea una cantidad generosa de canela en polvo sobre las natillas, las claras (si las usas) y la galleta.

Deja enfriar las natillas en el refrigerador durante al menos 2 horas antes de servir para que adquieran la consistencia deseada.


Vierte 1 litro de leche en una olla grande. Añade 3 ramas de canela, 2 vainas de vainilla (abiertas a lo largo y con las semillas raspadas) y la piel de 1 limón (asegurándote de no incluir la parte blanca). Coloca la olla a fuego mínimo para que la leche se caliente e infusione.

Separa las yemas de 4 huevos en un bol pequeño. Reserva las claras; no las deseches.

A las yemas de huevo, añade 3 cucharadas de azúcar y 2 cucharadas de maicena. Bate bien esta mezcla hasta que esté homogénea y suave.

Una vez que la leche en la olla esté tibia, vierte con cuidado una pequeña cantidad de la leche tibia en la mezcla de yemas de huevo mientras bates continuamente. Este paso es crucial para atemperar las yemas y evitar que se cuajen.

Vierte la mezcla de yemas atemperadas de nuevo en la olla con el resto de la leche tibia. Asegúrate de mantener el fuego al mínimo para evitar que la mezcla se corte.

Bate la mezcla continuamente durante 10 minutos sin parar. El objetivo es que la espuma desaparezca y que las natillas alcancen una textura perfecta y espesa. La mezcla seguirá siendo algo líquida, pero se solidificará más en el refrigerador.

Sirve las natillas calientes en cuencos individuales.

Coloca una galleta María en el centro de cada ración de natillas.

Opcional: Toma las claras de huevo reservadas y móntalas a punto de nieve.

Opcional: Coloca una cucharada de las claras montadas encima de la galleta María en cada cuenco.

Espolvorea una cantidad generosa de canela en polvo sobre las natillas, las claras (si las usas) y la galleta.

Deja enfriar las natillas en el refrigerador durante al menos 2 horas antes de servir para que adquieran la consistencia deseada.
