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Enciende un fuego de leña o calienta una hornilla a fuego medio-alto.

Coloca una cacerola grande sobre el fuego. Vierte los 1.5 litros de leche en la cacerola.

Añade la piel de naranja, la piel de limón y las 2 ramas de canela a la leche. Incorpora los 150 gramos de azúcar.

Cubre la cacerola con una tapa. Calienta la mezcla de leche hasta que empiece a hervir. Una vez que hierva, retira del fuego.

Retira la piel de naranja, la piel de limón y las ramas de canela de la leche infusionada. Reserva la leche infusionada.

En un bol, casca los 4 huevos. Bate bien los huevos hasta que estén espumosos.

Añade aproximadamente 150 gramos de pan rallado a los huevos batidos. Mezcla los huevos y el pan rallado a fondo hasta que estén bien integrados y formen una textura espesa y pastosa.

Prepara una sartén profunda con suficiente aceite para freír (aproximadamente 3-4 cm de profundidad) y caliéntalo a fuego medio-alto. Para evitar que la mezcla se pegue, sumerge una cuchara en el aceite caliente antes de cada uso.

Con la cuchara aceitada, toma pequeñas porciones de la mezcla de huevo y pan rallado, formando pequeñas bolas o quenelles. Con cuidado, deja caer las porciones en el aceite caliente y fríelas hasta que estén doradas por todos lados.

Retira los sapillos fritos del aceite usando una espumadera, permitiendo que escurra el exceso de aceite. Repite el proceso con toda la mezcla.

Coloca los sapillos fritos en la leche infusionada, asegurándote de que queden sumergidos para que se empapen bien.

Deja reposar los sapillos en la leche durante al menos 30 minutos para que absorban los sabores y se ablanden.

Sirve una porción generosa de los sapillos en un plato. Espolvorea un poco de canela molida por encima antes de servir.


Enciende un fuego de leña o calienta una hornilla a fuego medio-alto.

Coloca una cacerola grande sobre el fuego. Vierte los 1.5 litros de leche en la cacerola.

Añade la piel de naranja, la piel de limón y las 2 ramas de canela a la leche. Incorpora los 150 gramos de azúcar.

Cubre la cacerola con una tapa. Calienta la mezcla de leche hasta que empiece a hervir. Una vez que hierva, retira del fuego.

Retira la piel de naranja, la piel de limón y las ramas de canela de la leche infusionada. Reserva la leche infusionada.

En un bol, casca los 4 huevos. Bate bien los huevos hasta que estén espumosos.

Añade aproximadamente 150 gramos de pan rallado a los huevos batidos. Mezcla los huevos y el pan rallado a fondo hasta que estén bien integrados y formen una textura espesa y pastosa.

Prepara una sartén profunda con suficiente aceite para freír (aproximadamente 3-4 cm de profundidad) y caliéntalo a fuego medio-alto. Para evitar que la mezcla se pegue, sumerge una cuchara en el aceite caliente antes de cada uso.

Con la cuchara aceitada, toma pequeñas porciones de la mezcla de huevo y pan rallado, formando pequeñas bolas o quenelles. Con cuidado, deja caer las porciones en el aceite caliente y fríelas hasta que estén doradas por todos lados.

Retira los sapillos fritos del aceite usando una espumadera, permitiendo que escurra el exceso de aceite. Repite el proceso con toda la mezcla.

Coloca los sapillos fritos en la leche infusionada, asegurándote de que queden sumergidos para que se empapen bien.

Deja reposar los sapillos en la leche durante al menos 30 minutos para que absorban los sabores y se ablanden.

Sirve una porción generosa de los sapillos en un plato. Espolvorea un poco de canela molida por encima antes de servir.
