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En una cacerola, combina los 400 gramos de leche condensada, los 120 gramos de coco rallado y los 20 gramos de mantequilla.

Cocina la mezcla a fuego medio, revolviendo continuamente con una espátula, hasta que espese y comience a despegarse del fondo de la cacerola. La mezcla debe formar una masa cohesiva.

Transfiere la mezcla cocida a un tazón. Cubre la superficie directamente con papel film para evitar que se forme una costra y deja enfriar completamente.

Una vez que la mezcla de coco se haya enfriado, toma pequeñas porciones y forma bolitas con las manos. Coloca las bolitas formadas en una bandeja.

En una cacerola separada, agrega los 300 gramos de azúcar y los 100 mililitros de agua.

Calienta el azúcar y el agua a fuego medio-bajo. Es crucial no revolver la mezcla hasta que se convierta en un caramelo de color dorado.

Una vez que el caramelo alcance un color dorado, retira inmediatamente la cacerola del fuego para evitar que se queme.

Usando un palillo, sumerge cuidadosamente cada bolita de coco en el caramelo caliente, asegurándote de que quede completamente cubierta.

Coloca las bolitas cubiertas de caramelo sobre una alfombrilla de silicona o papel de horno para que se enfríen y endurezcan. El caramelo se endurecerá rápidamente, formando una capa brillante y dura alrededor de cada dulce.


En una cacerola, combina los 400 gramos de leche condensada, los 120 gramos de coco rallado y los 20 gramos de mantequilla.

Cocina la mezcla a fuego medio, revolviendo continuamente con una espátula, hasta que espese y comience a despegarse del fondo de la cacerola. La mezcla debe formar una masa cohesiva.

Transfiere la mezcla cocida a un tazón. Cubre la superficie directamente con papel film para evitar que se forme una costra y deja enfriar completamente.

Una vez que la mezcla de coco se haya enfriado, toma pequeñas porciones y forma bolitas con las manos. Coloca las bolitas formadas en una bandeja.

En una cacerola separada, agrega los 300 gramos de azúcar y los 100 mililitros de agua.

Calienta el azúcar y el agua a fuego medio-bajo. Es crucial no revolver la mezcla hasta que se convierta en un caramelo de color dorado.

Una vez que el caramelo alcance un color dorado, retira inmediatamente la cacerola del fuego para evitar que se queme.

Usando un palillo, sumerge cuidadosamente cada bolita de coco en el caramelo caliente, asegurándote de que quede completamente cubierta.

Coloca las bolitas cubiertas de caramelo sobre una alfombrilla de silicona o papel de horno para que se enfríen y endurezcan. El caramelo se endurecerá rápidamente, formando una capa brillante y dura alrededor de cada dulce.
