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Pica finamente la media cebolla.

En una sartén a fuego medio, añade la cucharada de mantequilla y deja que se derrita.

Agrega la cebolla picada a la sartén y sofríela hasta que esté transparente y blanda, aproximadamente 5-7 minutos.

Incorpora el pollo cocido y desmenuzado a la sartén con la cebolla. Mezcla bien para que se integren los sabores.

Añade la cucharada y media de harina a la mezcla de pollo y cebolla. Cocina la harina durante 1-2 minutos, removiendo constantemente, para que se tueste ligeramente y pierda el sabor a crudo, formando un roux.

Vierte gradualmente la taza y media de leche a la sartén, sin dejar de remover vigorosamente con unas varillas para evitar la formación de grumos y para que todos los ingredientes se combinen.

Ralla un poco de nuez moscada al gusto sobre la mezcla. Sazona con sal y pimienta negra recién molida al gusto.

Agrega la hierbabuena picada a la sartén y mezcla bien.

Continúa cocinando y removiendo la mezcla hasta que espese y se despegue fácilmente del fondo de la sartén, alcanzando la consistencia deseada para las croquetas.

Transfiere la masa espesa a una bandeja forrada con papel de horno.

Extiende la mezcla uniformemente por toda la bandeja, con un grosor de aproximadamente 1-2 cm.

Cubre la superficie de la masa directamente con papel film, presionando para evitar que se forme una costra. Refrigera la bandeja hasta que la mezcla esté completamente fría y firme, al menos 3 horas o preferiblemente toda la noche.

Una vez que la masa esté fría y firme, retírala del refrigerador. Con la ayuda de dos cucharas o tus manos, forma las croquetas individuales con la forma deseada (redondas u ovaladas).

Prepara tres platos hondos separados: uno con harina, otro con el huevo batido y el tercero con pan rallado.

Pasa cada croqueta formada primero por harina, asegurándote de que quede bien cubierta. Luego, sumérgela en el huevo batido y, finalmente, cúbrela completamente con pan rallado.

Calienta abundante aceite en una sartén profunda a fuego medio-alto. Una vez que el aceite esté caliente (puedes probar con un trocito de pan, si burbujea está listo), añade las croquetas con cuidado, sin sobrecargar la sartén.

Fríe las croquetas hasta que estén doradas por todos sus lados, dándoles la vuelta ocasionalmente. Esto tomará unos 3-5 minutos por tanda.

Retira las croquetas fritas del aceite y colócalas sobre un plato forrado con papel de cocina para que absorban el exceso de grasa.

Sirve las croquetas calientes y ¡a disfrutar!


Pica finamente la media cebolla.

En una sartén a fuego medio, añade la cucharada de mantequilla y deja que se derrita.

Agrega la cebolla picada a la sartén y sofríela hasta que esté transparente y blanda, aproximadamente 5-7 minutos.

Incorpora el pollo cocido y desmenuzado a la sartén con la cebolla. Mezcla bien para que se integren los sabores.

Añade la cucharada y media de harina a la mezcla de pollo y cebolla. Cocina la harina durante 1-2 minutos, removiendo constantemente, para que se tueste ligeramente y pierda el sabor a crudo, formando un roux.

Vierte gradualmente la taza y media de leche a la sartén, sin dejar de remover vigorosamente con unas varillas para evitar la formación de grumos y para que todos los ingredientes se combinen.

Ralla un poco de nuez moscada al gusto sobre la mezcla. Sazona con sal y pimienta negra recién molida al gusto.

Agrega la hierbabuena picada a la sartén y mezcla bien.

Continúa cocinando y removiendo la mezcla hasta que espese y se despegue fácilmente del fondo de la sartén, alcanzando la consistencia deseada para las croquetas.

Transfiere la masa espesa a una bandeja forrada con papel de horno.

Extiende la mezcla uniformemente por toda la bandeja, con un grosor de aproximadamente 1-2 cm.

Cubre la superficie de la masa directamente con papel film, presionando para evitar que se forme una costra. Refrigera la bandeja hasta que la mezcla esté completamente fría y firme, al menos 3 horas o preferiblemente toda la noche.

Una vez que la masa esté fría y firme, retírala del refrigerador. Con la ayuda de dos cucharas o tus manos, forma las croquetas individuales con la forma deseada (redondas u ovaladas).

Prepara tres platos hondos separados: uno con harina, otro con el huevo batido y el tercero con pan rallado.

Pasa cada croqueta formada primero por harina, asegurándote de que quede bien cubierta. Luego, sumérgela en el huevo batido y, finalmente, cúbrela completamente con pan rallado.

Calienta abundante aceite en una sartén profunda a fuego medio-alto. Una vez que el aceite esté caliente (puedes probar con un trocito de pan, si burbujea está listo), añade las croquetas con cuidado, sin sobrecargar la sartén.

Fríe las croquetas hasta que estén doradas por todos sus lados, dándoles la vuelta ocasionalmente. Esto tomará unos 3-5 minutos por tanda.

Retira las croquetas fritas del aceite y colócalas sobre un plato forrado con papel de cocina para que absorban el exceso de grasa.

Sirve las croquetas calientes y ¡a disfrutar!
