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En una olla, combine 500 ml de leche entera con 2 ramas de canela y la piel de 1/2 limón. Lleve a fuego medio para infusionar la leche, sin que llegue a hervir.

En un recipiente aparte, disuelva 50 g de maicena en 50 ml de leche fría. Remueva bien hasta que no queden grumos y reserve.

Una vez que la leche esté infusionada, retire las ramas de canela y la piel de limón. Añada 80 g de azúcar a la leche caliente y remueva hasta que el azúcar se disuelva completamente.

Incorpore la mezcla de maicena disuelta a la olla con la leche infusionada. Lleve la olla de nuevo al fuego medio y remueva continuamente con unas varillas hasta obtener una crema espesa y con cuerpo. Es importante remover constantemente para evitar que se pegue y se formen grumos.

Vierta la crema obtenida en un recipiente rectangular o una bandeja. Cubra la superficie de la crema directamente con papel film, asegurándose de que el film esté en contacto con toda la mezcla para evitar que se forme una costra. Refrigere durante al menos 8 horas o preferiblemente de un día para otro.

Una vez que la crema esté bien fría y firme, desmóldela sobre una tabla de cortar. Corte la crema en trozos cuadrados del tamaño de un bocado.

Prepare tres platos: uno con harina, otro con huevo batido y otro con la mezcla de azúcar y canela en polvo. Caliente abundante aceite en una sartén profunda a 180°C.

Pase cada trozo de leche frita primero por harina, luego por huevo batido, y fríalos en el aceite caliente hasta que estén dorados por todos los lados. Fría en tandas para no bajar la temperatura del aceite.

A medida que retire los trozos fritos del aceite, escúrralos brevemente sobre papel absorbente y, mientras aún estén calientes, rebócelos generosamente en la mezcla de azúcar y canela en polvo.

Sirva la leche frita inmediatamente y disfrute.


En una olla, combine 500 ml de leche entera con 2 ramas de canela y la piel de 1/2 limón. Lleve a fuego medio para infusionar la leche, sin que llegue a hervir.

En un recipiente aparte, disuelva 50 g de maicena en 50 ml de leche fría. Remueva bien hasta que no queden grumos y reserve.

Una vez que la leche esté infusionada, retire las ramas de canela y la piel de limón. Añada 80 g de azúcar a la leche caliente y remueva hasta que el azúcar se disuelva completamente.

Incorpore la mezcla de maicena disuelta a la olla con la leche infusionada. Lleve la olla de nuevo al fuego medio y remueva continuamente con unas varillas hasta obtener una crema espesa y con cuerpo. Es importante remover constantemente para evitar que se pegue y se formen grumos.

Vierta la crema obtenida en un recipiente rectangular o una bandeja. Cubra la superficie de la crema directamente con papel film, asegurándose de que el film esté en contacto con toda la mezcla para evitar que se forme una costra. Refrigere durante al menos 8 horas o preferiblemente de un día para otro.

Una vez que la crema esté bien fría y firme, desmóldela sobre una tabla de cortar. Corte la crema en trozos cuadrados del tamaño de un bocado.

Prepare tres platos: uno con harina, otro con huevo batido y otro con la mezcla de azúcar y canela en polvo. Caliente abundante aceite en una sartén profunda a 180°C.

Pase cada trozo de leche frita primero por harina, luego por huevo batido, y fríalos en el aceite caliente hasta que estén dorados por todos los lados. Fría en tandas para no bajar la temperatura del aceite.

A medida que retire los trozos fritos del aceite, escúrralos brevemente sobre papel absorbente y, mientras aún estén calientes, rebócelos generosamente en la mezcla de azúcar y canela en polvo.

Sirva la leche frita inmediatamente y disfrute.
