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Coloca los 250 g de maní en una sartén grande y pesada a fuego medio.

Agrega los 250 g de azúcar a la sartén con el maní.

Vierte los 25 ml de agua sobre la mezcla de maní y azúcar.

Añade la pizca de sal a la sartén.

Revuelve la mezcla constantemente con una cuchara de madera o espátula resistente a fuego medio. Es crucial no dejar de remover para evitar que se queme.

Observa cómo el azúcar comienza a derretirse. Luego, se volverá blanco y granulado, cubriendo el maní. Continúa revolviendo.

Sigue revolviendo hasta que el azúcar se derrita de nuevo y se caramelice, adquiriendo un color dorado y cubriendo completamente el maní. Este proceso requiere paciencia y agitación constante.

Una vez que la mezcla esté lista y el maní bien caramelizado, retira la sartén del fuego. Inmediatamente, extiende el maní acaramelado sobre una hoja de papel de horno o papel pergamino previamente colocada sobre una superficie plana. Asegúrate de extenderlo en una capa fina para que se enfríe uniformemente.

Deja enfriar el maní acaramelado por completo. Esto puede tardar unos 20 minutos, o hasta que esté duro y crujiente al tacto.

Una vez frío y endurecido, separa los trozos de maní acaramelado con las manos o con un cuchillo si es necesario. Guárdalos en un recipiente hermético a temperatura ambiente.


Coloca los 250 g de maní en una sartén grande y pesada a fuego medio.

Agrega los 250 g de azúcar a la sartén con el maní.

Vierte los 25 ml de agua sobre la mezcla de maní y azúcar.

Añade la pizca de sal a la sartén.

Revuelve la mezcla constantemente con una cuchara de madera o espátula resistente a fuego medio. Es crucial no dejar de remover para evitar que se queme.

Observa cómo el azúcar comienza a derretirse. Luego, se volverá blanco y granulado, cubriendo el maní. Continúa revolviendo.

Sigue revolviendo hasta que el azúcar se derrita de nuevo y se caramelice, adquiriendo un color dorado y cubriendo completamente el maní. Este proceso requiere paciencia y agitación constante.

Una vez que la mezcla esté lista y el maní bien caramelizado, retira la sartén del fuego. Inmediatamente, extiende el maní acaramelado sobre una hoja de papel de horno o papel pergamino previamente colocada sobre una superficie plana. Asegúrate de extenderlo en una capa fina para que se enfríe uniformemente.

Deja enfriar el maní acaramelado por completo. Esto puede tardar unos 20 minutos, o hasta que esté duro y crujiente al tacto.

Una vez frío y endurecido, separa los trozos de maní acaramelado con las manos o con un cuchillo si es necesario. Guárdalos en un recipiente hermético a temperatura ambiente.
