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En un bol grande, combina el queso Manchego rallado (o el queso de tu elección), las 3 cucharadas colmadas de maicena y el huevo. Si lo deseas, añade una pizca de sal, aunque el queso ya aporta mucho sabor.

Mezcla todos los ingredientes a mano hasta que se forme una masa uniforme y pegajosa. Asegúrate de que no queden grumos de maicena.

Toma pequeñas porciones de la masa y ruédalas entre las palmas de tus manos para formar bolitas del tamaño deseado. Puedes hacerlas pequeñas para un bocado o un poco más grandes.

En una olla o sartén profunda, calienta abundante aceite a fuego medio-alto hasta que esté bien caliente (aproximadamente 170-180°C). Puedes probar si está listo echando un trocito de masa; si burbujea y sube, está listo.

Con cuidado, coloca las bolitas de queso en el aceite caliente, sin sobrecargar la olla para que no baje la temperatura del aceite. Fríe en tandas si es necesario.

Fríe las bolitas de queso, volteándolas ocasionalmente, hasta que estén doradas por todos lados y tengan un color apetitoso, como si estuvieran "bronceadas como Luis Miguel". Esto tomará aproximadamente 2-4 minutos por tanda.

Una vez doradas, retira las bolitas de queso del aceite con una espumadera y colócalas sobre papel absorbente para eliminar el exceso de grasa.

Sirve las bolitas de queso calientes. Son crujientes por fuera y súper cremosas y suaves por dentro. Acompaña con kétchup o tu salsa favorita, si lo deseas.


En un bol grande, combina el queso Manchego rallado (o el queso de tu elección), las 3 cucharadas colmadas de maicena y el huevo. Si lo deseas, añade una pizca de sal, aunque el queso ya aporta mucho sabor.

Mezcla todos los ingredientes a mano hasta que se forme una masa uniforme y pegajosa. Asegúrate de que no queden grumos de maicena.

Toma pequeñas porciones de la masa y ruédalas entre las palmas de tus manos para formar bolitas del tamaño deseado. Puedes hacerlas pequeñas para un bocado o un poco más grandes.

En una olla o sartén profunda, calienta abundante aceite a fuego medio-alto hasta que esté bien caliente (aproximadamente 170-180°C). Puedes probar si está listo echando un trocito de masa; si burbujea y sube, está listo.

Con cuidado, coloca las bolitas de queso en el aceite caliente, sin sobrecargar la olla para que no baje la temperatura del aceite. Fríe en tandas si es necesario.

Fríe las bolitas de queso, volteándolas ocasionalmente, hasta que estén doradas por todos lados y tengan un color apetitoso, como si estuvieran "bronceadas como Luis Miguel". Esto tomará aproximadamente 2-4 minutos por tanda.

Una vez doradas, retira las bolitas de queso del aceite con una espumadera y colócalas sobre papel absorbente para eliminar el exceso de grasa.

Sirve las bolitas de queso calientes. Son crujientes por fuera y súper cremosas y suaves por dentro. Acompaña con kétchup o tu salsa favorita, si lo deseas.
