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Toma los 200 gramos de jamón serrano. Pica una porción en cubos pequeños. La porción restante, procésala en un robot de cocina hasta obtener un polvo fino. Reserva tanto el jamón en cubos como el jamón en polvo por separado.

En una cacerola, derrite los 100 gramos de mantequilla a fuego medio. Una vez que la mantequilla esté completamente derretida, añade los 100 gramos de harina. Remueve continuamente con un batidor de varillas durante unos minutos hasta que la harina esté cocida y forme un roux suave y ligeramente dorado.

Incorpora gradualmente 1 litro de leche entera al roux, batiendo constantemente para evitar la formación de grumos. Continúa batiendo hasta que la mezcla empiece a espesar.

Añade el jamón serrano en cubos y el jamón serrano en polvo a la mezcla de bechamel. Mezcla bien. Sazona con sal y pimienta al gusto. Incorpora los 30 gramos de queso azul y remueve hasta que se derrita por completo y se integre en la mezcla. Continúa cocinando y removiendo hasta que la mezcla esté muy espesa y se separe limpiamente de los lados de la cacerola.

Transfiere la mezcla de croquetas a una bandeja o plato poco profundo. Extiéndela uniformemente y cubre la superficie directamente con papel film para evitar que se forme una costra. Refrigera por un mínimo de 4 horas, o idealmente toda la noche, hasta que la mezcla esté completamente firme.

Una vez que la mezcla esté firme, toma pequeñas porciones y dales forma alargada de croqueta con las manos.

Prepara tres platos separados: uno con harina para empanizar, uno con los 2 huevos batidos y uno con pan rallado. Primero, pasa cada croqueta por la harina, sacudiendo el exceso. Luego, sumérgela completamente en el huevo batido. Finalmente, cúbrela completamente con pan rallado, asegurándote de que todos los lados estén cubiertos. Repite este proceso con todas las croquetas.

Calienta una cantidad generosa de aceite para freír en una sartén profunda o una olla a fuego medio-alto. Fríe las croquetas en tandas hasta que estén doradas y crujientes por todos sus lados.

Retira las croquetas fritas del aceite y colócalas en un plato forrado con papel de cocina para absorber el exceso de aceite.

Sirve las croquetas inmediatamente. Opcionalmente, decora con mayonesa y queso parmesano rallado.


Toma los 200 gramos de jamón serrano. Pica una porción en cubos pequeños. La porción restante, procésala en un robot de cocina hasta obtener un polvo fino. Reserva tanto el jamón en cubos como el jamón en polvo por separado.

En una cacerola, derrite los 100 gramos de mantequilla a fuego medio. Una vez que la mantequilla esté completamente derretida, añade los 100 gramos de harina. Remueve continuamente con un batidor de varillas durante unos minutos hasta que la harina esté cocida y forme un roux suave y ligeramente dorado.

Incorpora gradualmente 1 litro de leche entera al roux, batiendo constantemente para evitar la formación de grumos. Continúa batiendo hasta que la mezcla empiece a espesar.

Añade el jamón serrano en cubos y el jamón serrano en polvo a la mezcla de bechamel. Mezcla bien. Sazona con sal y pimienta al gusto. Incorpora los 30 gramos de queso azul y remueve hasta que se derrita por completo y se integre en la mezcla. Continúa cocinando y removiendo hasta que la mezcla esté muy espesa y se separe limpiamente de los lados de la cacerola.

Transfiere la mezcla de croquetas a una bandeja o plato poco profundo. Extiéndela uniformemente y cubre la superficie directamente con papel film para evitar que se forme una costra. Refrigera por un mínimo de 4 horas, o idealmente toda la noche, hasta que la mezcla esté completamente firme.

Una vez que la mezcla esté firme, toma pequeñas porciones y dales forma alargada de croqueta con las manos.

Prepara tres platos separados: uno con harina para empanizar, uno con los 2 huevos batidos y uno con pan rallado. Primero, pasa cada croqueta por la harina, sacudiendo el exceso. Luego, sumérgela completamente en el huevo batido. Finalmente, cúbrela completamente con pan rallado, asegurándote de que todos los lados estén cubiertos. Repite este proceso con todas las croquetas.

Calienta una cantidad generosa de aceite para freír en una sartén profunda o una olla a fuego medio-alto. Fríe las croquetas en tandas hasta que estén doradas y crujientes por todos sus lados.

Retira las croquetas fritas del aceite y colócalas en un plato forrado con papel de cocina para absorber el exceso de aceite.

Sirve las croquetas inmediatamente. Opcionalmente, decora con mayonesa y queso parmesano rallado.
